El City roza la excelencia y arrolla a un Madrid impotente que ni rozó el milagro (4-0)
Si el partido hubiera sido un combate de boxeo, sin duda habría sido la velada del año. El gran aspirante contra el eterno campeón. El equipo más caro del mundo (por valor de su plantilla según Transfermarkt) contra la gran leyenda, el 14 veces rey de Europa. El conjunto que había ganado sus 14 partidos en 2023 en su feudo contra el que más resiste y nunca se rinde. El que llevaba 186 días sin perder en su estadio contra el que ha conquistado todos los castillos enemigos. El epicentro del universo fútbol, sin duda, era el Etihad.
Ancelotti, por sorpresa, dejó a Rüdiger, el anti-Haaland, sentado a su lado de inicio. Guardiola calcó el once del Bernabéu y también quería copiar el mismo guión. De salida, a quedarse el balón, que para esto estaba en casa, y a dominar el partido para generar ocasiones y minimizar riesgos. El Madrid, que en territorio europeo maneja como nadie el arte de la resistencia, no se inquietaba.
El City se acercaba cada vez con más peligro. Rodri y Gundogan manejaban el tempo del duelo a su antojo y Bernardo y De Bruyne eran puñales buscando al gigante noruego. Grealish aparecía poco porque el juego se volcaba más hacia la derecha.
En el minuto 12 San Courtois obró su primer milagro. Haaland remató de cabeza a bocajarro y, entre la cadera y la mano, salvó el primero. El Madrid era un juguete en manos del City. Hundido en su área y sin capacidad de reacción. No olía el balón ni de lejos. Era un naufrago a la deriva en medio de una tormenta. Ningún jugador blanco, a excepción de Courtois, era capaz de contrarrestar la excelencia técnica de unos adversarios infinitamente superiores a todos los niveles.
A los 20 minutos, el eterno salvador de la portería blanca realizó otra intervención asombrosa, también ante Haaland. El belga sostenía a su equipo como podía ante el vendaval citizen.
El muro cayó poco después. De Bruyne filtró un pase magistral a Bernardo Silva y el portugués definió de forma impecable con la zurda. El fútbol premiaba al que más lo merecía. El Madrid era el saco de los golpes del City. La inferioridad era abrumadora.
Tras una media hora en la que no comparecieron, los blancos despertaron con fogonazos de Vinicius y Benzema que no pasaron de ser fuegos artificiales pero al menos pudieron tocar algo la pelota. El primer aviso serio fue con un latigazo de Toni Kroos que se estrelló en el larguero de Ederson.
Fue un espejismo porque en el siguiente ataque del City, Bernardo cazó un balón aéreo suelto tras un rechace de Militao para remachar el segundo. Incluso tratándose del equipo de las remontadas, sólo los más fieles seguían abrazando ya la Biblia blanca. El campeón se fue al vestuario groggy tras haber recibido una paliza futbolística de primer nivel. La memoria de los madridistas más veteranos no alcanzaba a recordar un sometimiento tan brutal al rey de Europa.
En la segunda parte el Madrid no tenía nada que perder y estaba obligado a sacar su orgullo. Alaba lo intentó con un magnífico lanzamiento de falta que sacó Ederson con una gran intervención. El encuentro derivó hacia lo que se supone debe ser un choque entre dos equipos punteros, con dominio alterno y ocasiones para los dos equipos. Courtois evitó, por tercera vez, el gol de un Haaland desesperado ante el belga. Rodri, majestuoso, movía los hilos de un equipo exquisito.
Estaba claro que esta vez no habría milagro. Militao sentenció a su propio equipo con un autogol en el 75. Ni la suerte favorecía al campeón. Para el resto del partido la consigna era clara: tocar y tocar, en un rondo interminable, para evitar algún susto. Julián Álvarez, nada más salir al campo, remató, tras pase sublime de Foden, una obra de arte digna de exposición en el museo del fútbol. Tiempo habrá de analizar las consecuencias que puede suponer para el Madrid un desastre de este calibre pero la exhibición del City no se olvidará fácilmente. Estambul y La Primera espera a Pep y los suyos.
Jugador Flashscore: Bernardo Silva